El arquitecto de software como un ser visionario

El presente artículo viene a ser algo así como una versión poética y muy propia sobre las posturas que, a veces, se ve obligado a tomar un arquitecto de software, relacionando al arquitecto y su arquitectura, con un visionario y su visión, respectivamente.

Cuando hablo de visionarios, me quiero referir a una persona capaz de tomar o crear una idea o ideal y llevarlo a la práctica. Según mi propia consideración (y de muchas personas que saben en serio sobre el tema), una persona que sólo es capaz de tener ideas, sin llevarla a la práctica o promoverlas para que otros las hagan realidad, no es, ni será jamás, un visionario.

Un visionario

Sin dudas, un ejemplo de visionario fue Galileo Galilei (external link). Es válida la historia que de él se cuenta, en la cual, luego de su retractación forzada sobre la veracidad de la teoría Copernicana (external link) del Heliocentrismo (external link), se fue diciendo por lo bajo Eppur si muove (y sin embargo, se mueve).

Galileo fue un visionario y tuvo que lidiar con la adversidad. Llevar adelante una visión implica tomar algo que se encuentra en el plano ideal, y muchas veces irreal en la práctica actual y establecida, para hacerlo una realidad tangible. Las ideas originales o revolucionarias, e incluso aquellas no tan originales, que tienen que lidiar con la idiosincrasia y el saber establecido, encontrarán casi siempre un plano adverso.

La visión

En una visión -por ejemplo la de una empresa- las bases axiomáticas que conforman la visión tienden a doblarse, debido a la presión ejercida por el entorno (la realidad actual). El mantener una visión no implica cumplir a rajatabla los axiomas sin la menor noción de instinto de supervivencia, sino luchar para que éstos sean una realidad tangible en el futuro. El problema con la visión es que sitúa en el futuro el destino al cual queremos llegar y no nos dice cómo.

La realidad muestra de manera despiadada, que quién quiera llevar adelante una visión tiene que, primero que nada, sobrevivir para que se haga realidad. En ese sobrevivir, el instinto de supervivencia producirá que las bases axiomáticas se doblen, como le pasó a Galileo; pero si la visión es real, nunca permitirá que se quiebren (Eppur si muove).

El arquitecto y su visión de la arquitectura

Muchas veces, un arquitecto se encuentra en ambientes hostiles a sus ideales. Muchas veces es sólo culpa del arquitecto debido a su soberbia y/o cuestiones ambientales; viéndose en la necesidad de torcer los axiomas de su arquitectura ideal. En estos momentos, suele ganar la desesperación, preguntándose: ¿Por qué, si estoy haciendo algo que trae tantos beneficios, existen tanta resistencia? Seguramente, el problema radique en el arquitecto, ya que es difícil que existan personas que no entiendan ninguna explicación; creo, más bien, que existen personas que no pueden comunicarse debidamente con otras. Sin embargo, ante una situación de éstas, siempre es posible flexibilizar nuestros axiomas y así lograr dar el primer paso hacia la implementación real de la visión (arquitectura), manteniendo la esperanza de lograr el cumplimiento de todos ellos en el futuro.

Por estos motivos es que, a veces , la arquitectura es a su arquitecto, lo que su visión a un visionario.